Alba y la evitación del conflicto

Alba es una experta complaciente. Durante muchos años su estrategia para ser valorada y querida ha sido la de renunciar a sus propias necesidades en pro de las de los demás. Como consecuencia de ello, Alba se siente enfadada, frustrada y a veces muy deprimida. No es capaz de decir no, no es capaz de expresar su malestar ante el comportamiento de los demás y evita decir cualquier opinión contraria por miedo a ser rechazada.
La consecuencia de esto es el abandono propio de sí misma al que se ha sometido y el abuso de los demás. Se siente manipulada y por supuesto, no amada. Todo el comportamiento destinado a evitar aquello que teme es lo que trae como consecuencia que precisamente ocurra.

A esto yo lo llamo el círculo del "provoco lo que evito". 

¿Por qué caemos en algo así? 
Siempre por lo mismo, necesitamos sentirnos amados, valorados, reconocidos y especiales y como contraste, tememos ser abandonados, rechazados, humillados o invadidos.
Cada uno de nosotros desarrolla diferentes estrategias para evitar el peligro (mecanismos de defensa) , estrategias que aprendimos en nuestra infancia y que a corto plazo nos sirvieron pero que mantenidos en el tiempo se vuelven disfuncionales y provocan justo lo contrario a lo que buscamos.
¿Porqué?
Porque caemos en una búsqueda neurótica (que no tiene fin aunque se encuentre). 
El amor de los demás debería ser un regalo que encontramos cuando nos relacionamos con personas que valoran lo que somos, pero nunca debería ser un objetivo a lograr.
Evitar el dolor nos aleja de lo que somos, nos crea una máscara con la que nos presentamos al mundo para lograr aquello que necesitamos y mantenida en el tiempo nos confunde llegando a pensar que somos esa máscara. Así, tenemos muy poca información acerca de quienes somos, nos distanciamos de esos niños que estaban construyendo su identidad y nos volvemos verdaderos actores en busca de amor.

Con el paso de las sesiones, Alba se atrevió a expresar sus opiniones y su dolor ante ciertos comportamientos de los demás, se negó a pedir perdón por cosas que ella no había hecho y lejos de encontrar lo que ella esperaba, (rechazo), sus amigas poco a poco empezaron a desarrollar un gran respeto por ella. Ahora, es digna de admirar por tener unos  valores claros que se atreve a defender y poner límites a su amistad, mostrando cómo desea ser tratada, lo que tolera y lo que no. 
Al principio, ese cambio de comportamiento no sentó bien a la gente de su alrededor acostumbrados a ser egoístas, pero poco a poco fueron asumiendo sus responsabilidades ante las consecuencias que Alba ponía a los comportamientos que consideraba hostiles. Así, fue creando relaciones de amistad más profundas y respetuosas. Estos resultados minimizaron su miedo a ser quien era y defender sus derechos, le dio un impulso para atreverse a ser ella misma, lejos de intentar pasar siempre desapercibida y preferir estar en segundo plano, alzó la voz y pidió la atención que necesitaba dejándose oír y ver.

 Y aprendió que no necesitaba ser lo que los demás esperaban para obtener ese amor que tanto anhelaba.

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